29 de May del 2017

Que el farmacéutico no te tome el pelo

   En los últimos años ha habido mucha polémica en cuanto a la venta de fármacos veterinarios.

   Todo empezó con la crisis, nuestra Generalitat Valenciana endeudada por el magnífico trabajo de nuestros gobernantes, y dejando de pagar a los farmacéuticos los medicamentos subvencionados por la seguridad social (que cada vez son menos, otra vez por culpa de que también se agota el dinero de la misma, por lo que hay que recortar). 

   Al final, los farmacéuticos, lucrativo negocio hasta la fecha, empiezan a tener inseguridad porque no les pagan y cae la demanda de medicamentos destinados a “humana”, y empiezan a buscar “cash” … y de repente encuentran los fármacos veterinarios. Éstos, en comparación con los de “humana”, son un porcentaje ridículo del mercado, pero cuando el cinturón aprieta, pues ya se sabe. 

   Durante años, probablemente porque es mucha faena (resulta que ahora tienen que estudiar farmacología veterinaria!!!) para tan poco negocio (no mueve tanto dinero), los farmacéuticos han olvidado este mercado de productos veterinarios (no se molestan en tener productos y satisfacer la demanda). Los veterinarios (profesión mucho más precaria), que ya poseen los conocimientos y sí es buen negocio para ellos, ante la falta de disponibilidad de los fármacos, comenzaron a suministrarlos ellos mismos.

   Todo bien durante más de 30 años… pero llegó la crisis, la ley española permite vender medicamentos solo a los farmacéuticos, y amparándose en ella, ante la inseguridad de la crisis y falta de efectivo, los farmacéuticos deciden rescatar este negocio despreciado por ellos tanto tiempo.

   Durante los 4-5 años más duros de la crisis, los farmacéuticos han intentado acabar con el negocio de venta de medicamentos veterinarios por los veterinarios, pero el gobierno y la justicia son lentas, y la crisis “acaba” antes de que realmente haya surtido efecto la presión sobre el sector veterinario, vuelve a fluir el dinero para los farmacéuticos… y se olvidan de nuevo de los medicamentos veterinarios.

   Y ahora qué. Pues me toca a mí criticar a algunos farmacéuticos que no hacen bien su trabajo, y es que cada vez ocurre con más frecuencia.

   Un ejemplo, este mes tuve un paciente que tenía picores. Como era un sábado y no me localizó, fue a una farmacia a que le dieran algo para los picores del perro. Creo que hay una ley en la comunidad que cataloga como maltrato animal medicar a un animal sin la supervisión de un veterinario… pero parece que esa ley los farmacéuticos no la conocen. El caso es que este farmacéutico le da al propietario del animal “Amitraz” para que bañe al perro y “Deflazacort”, un corticoesteroide de nueva generación del que aún no he encontrado la dosis para perro (el farmacéutico debe saber más que yo). Cuando vino a consulta el perro ya no se rascaba, pero tampoco comía, apenas se movía, jadeaba continuamente y estaba muy deprimido. No sé si era por la toxicidad del Amitraz (su rango terapéutico es muy cercano al tóxico, pudiendo afectar al hígado y riñones, incluso del propietario, pues se absorben los vapores y por la piel si no se pone guantes) o porque, extrapolando dosis de humana y comparando con otros glucocorticoides, el farmacéutico había pautado una dosis unas 7-10 veces superior a las necesarias de Deflazacort, calculo (pues ya he dicho que no hay dosis canina). El perro tardó una semana en recuperarse, pero estoy convencido de que casi lo matan. Intenté que el propietario me dijera el nombre de la farmacia, pero no quiso. Hubiera denunciado al farmacéutico, pues no hace ningún bien a la honorabilidad de su profesión y hace realidad la fama de meros mercaderes, y no de verdaderos profesionales.

   Ya es grave pautar un tratamiento sin efectuar un diagnóstico, ni ser veterinario (a parte del maltrato, ya que hay negocio, hablamos también de intrusismo, por no mencionar  además la negligencia/incompetencia), pero es que cuando se lo ponemos fácil, tampoco demuestran estar a la altura. Yo receto todos los medicamentos que prescribo, y me encuentro en demasiadas ocasiones, que como el producto veterinario que prescribo no está en stock en la farmacia de turno, pues el farmacéutico lo cambia. La ley y los conocimientos permitirán al farmacéutico buscar una alternativa terapéutica, solo en caso de imposibilidad de encontrar o aplicar la prescrita por el facultativo. Sin embargo, la realidad no es así. A ese mismo perro del caso anterior, ante la sospecha de alergia a la picadura de pulga, le prescribo una isoxazolina. Cuando el propietario va a la farmacia, como no tienen, y le he mandado unas “pastillas para las pulgas”, pues le da otras que tiene él, en concreto unas con milbemicima oxima (una lactona macrocíclica) y lufenuron. En la revisión le veo pulgas al perro, y no me explico como, porque le he dado el mejor producto contra ellas… hasta que le pido al propietario que me describa las pastillas y la caja y descubrimos, que sin decir nada al propietario, el farmacéutico le ha dado un producto diferente al recetado. Ni siquiera le ha dado otra isoxazolina de las que hay en el mercado (que aún sería pasable), si no que le da una lactona macrocíclica (¿le preguntó si era un Collie, que más de la mitad pueden morir si le dan lactonas macrocíclicas?, no… seguro que justo esa es la única farmacia en la que dejan entrar perros y vio que no lo era) y lufenuron, ninguno de ellos pulguicida residual, por lo tanto, perro con pulgas.

   Mi indignación es tal que escribo este artículo. Puede que los veterinarios no hagamos las cosas perfectas, ni todo lo bien que deberíamos con los medicamentos veterinarios, pero solo afecta al bolsillo de los farmacéuticos (y tan poco que ya ni les molesta). La negligencia de algunos de éstos, sin embargo, retrasa la curación de las mascotas cuando no las mata, afectándonos no solo a los veterinarios, también a nuestros pacientes y sus propietarios. 

   Hace unos meses surgió una valiente iniciativa, una farmacia veterinaria en Valencia, pero la aventura solo duró unos meses, poca rentabilidad, poco compromiso por parte de los veterinarios y mucha enemistad entre las dos profesiones. Un entorno demasiado hostil, pero sí veo necesario mayor formación de los farmacéuticos por este sector olvidado.

   Como no consigo los nombres de los farmacéuticos involucrados en estos casos (no entiendo que los propietarios los encubran, los veterinarios no solemos tener esa suerte), escribo esta reflexión-protesta, por si consigo que algún farmacéutico se interesé más por su profesión, y para que los propietarios consulten al veterinario cualquier sugerencia del farmacéutico (no se fíen, por desgracia), y se eviten casos como los descritos y muchos más.